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Introducción al Salmo 23
El Salmo 23, lejos de ser solo una poesía reconfortante, es la confesión de alguien que conoce a Dios de manera real y personal como su Pastor, y este sermón nos confronta con la pregunta decisiva de si podemos decir con verdad “Jehová es mi pastor” o si solo repetimos palabras que no nos pertenecen; a la vez, advierte del peligro de apropiarse del consuelo sin haber venido a Cristo y destaca la inmensa seguridad y provisión que disfrutan quienes son verdaderamente sus ovejas, llamándonos urgentemente a examinar el corazón, oír la voz del Buen Pastor y descansar únicamente en Él.

49:07


Por Amor de Su Nombre
En este mensaje sobre el Salmo 23 se destaca que David no habla como un pastor idealista, sino como una oveja madura que, tras una vida probada, puede confesar con convicción: “Jehová es mi pastor”. El sermón sitúa la metáfora en su trasfondo bíblico y subraya que el pastoreo de Dios no gira alrededor del hombre, sino de la gloria de su nombre. Por eso plantea una pregunta decisiva: ¿buscamos a Dios para cumplir nuestros deseos o para honrarle? El llamado es a arrepentirse del yoísmo, cultivar una ambición santa de agradar a Dios en todo y examinar seriamente si realmente somos ovejas del Buen Pastor.

44:05


El Buen Pastor
Este mensaje presenta el Salmo 23 como alimento indispensable para el alma y muestra que su consuelo descansa en Cristo: el Buen Pastor que muere, el Gran Pastor que vive para pastorear y el Príncipe de los pastores que reina en gloria. A la vez, advierte que el Salmo 23 no pertenece a cualquiera, sino a quienes entran por la “puerta” del Salmo 22, humillados ante el Cristo crucificado, y llama a examinar el corazón a la luz de la Ley de Dios y correr a Jesús como único Salvador. Solo así se conoce una paz real —no fabricada por recursos humanos— y se puede confesar con verdad: “Jehová es mi pastor… y aun en la muerte no temeré.”

48:02


La relación del pastor con sus ovejas
Este sermón presenta Salmo 23:1 como la base de la esperanza cristiana: “Jehová es mi pastor”, una relación viva y personal entre Cristo y sus ovejas, según Juan capítulo 10, porque el Padre se las dio y el Hijo las compró con su sangre. Anima a la iglesia a descansar en el cuidado constante del Pastor —cuyo ojo no se aparta de los suyos en ansiedad, aflicción y peligro—, exhortándonos a no desesperar ni actuar con prisa, sino a correr a Cristo, buscar consejo bíblico y confiar en su guía. Y al inconverso lo llama con urgencia a venir al Buen Pastor por la fe, para ser salvo.

52:24


Las verdaderas ovejas de Cristo
Esta predicación muestra que el Salmo 23 describe una relación real entre Cristo y sus ovejas: Él las recibió del Padre, las redimió con su sangre y les dio vida eterna, por eso las conoce y las pastorea. Las verdaderas ovejas oyen su voz en la Palabra fielmente leída y predicada, le siguen con obediencia y rechazan la guía de la carne; así, el llamado es a guardar el corazón, valorar el pastoreo bíblico y correr a Cristo hoy.

55:13


Jehová es mi Pastor
El sermón enseña que la serenidad del Salmo 23 (“Jehová es mi pastor; nada me faltará”) solo nace de una relación viva con el Dios del pacto —Jehová, el “Yo soy”— que en Cristo guía, nutre, restaura, guarda y sostiene a sus ovejas aun en aflicción y ante la muerte; pero también advierte que ese consuelo no pertenece a cualquiera, sino a quienes por gracia oyen su voz, se someten a su gobierno y le siguen con obediencia, de modo que el llamado final es a examinar el corazón, abandonar el autoengaño y venir a Cristo para ser perdonado, limpiado y transformado.

56:44


Jehová me pastorea
El mensaje enfatiza que “Jehová es mi pastor” no es solo un título, sino una acción continua: en el hebreo la idea es “Jehová me está pastoreando”. Por eso David puede concluir con seguridad: “nada me faltará”, no porque tenga recursos humanos, sino porque el Dios del pacto cuida fiel y constantemente de sus ovejas. El predicador muestra cómo el resto del Salmo detalla esa actividad pastoral: descansar, ser guiados, restaurados, protegidos y sostenidos aun en valle de sombra o frente a enemigos. Esta verdad, aplicada por la fe, trae paz real, seguridad y fortaleza para vivir conscientes del amor y la bondad del Pastor.

01:01:16


Nada me faltará
El mensaje contrasta la ansiedad y la inconformidad del hombre sin Dios con la confesión de David: “Jehová Jesús es mi pastor; nada me faltará”, aclarando que esto no promete una vida fácil ni prosperidad material, sino un pastoreo que santifica aun mediante pruebas. Luego define la provisión del Pastor por su naturaleza (da lo necesario y verdaderamente bueno, no todos los deseos), su alcance (“nada” faltará de lo indispensable: reposo, guía, protección, consuelo, disciplina y perseverancia), y su certeza (descansa en quién es el Pastor: Jehová, eterno y fiel), de modo que en cualquier circunstancia la oveja puede confiar: “nada me faltará”.

01:01:03


La provisión del Pastor
El pasaje enseña que el Salmo 23 describe el pastoreo continuo de Jehová Jesús: Él provee, protege y preserva, de modo que “nada me falta” no significa ausencia de pruebas, sino la certeza de que nunca faltará lo necesario y verdaderamente bueno. Al exponer los versículos dos y tres, subraya que lo primero que el Pastor da no es “comida” sino reposo: verdes pastos y aguas de reposo como un oasis seguro donde Él hace descansar y conduce, trayendo sombra, refrigerio y paz. Aplicado al alma, solo Cristo da descanso real por su sangre, venciendo culpa y ansiedad; por eso se llama a usar los medios de gracia (Palabra, oración, meditación) y a no buscar paz en personas o circunstancias, sino en el Buen Pastor, invitando también al incrédulo a venir a Él para hallar descanso duradero.

01:07:37


La seguridad de salvación
El Salmo veintitrés presenta a Jehová Jesús como el Buen Pastor que concede reposo verdadero a sus ovejas: verdes pastos y aguas de reposo describen la paz que solo Cristo da al reconciliarnos con Dios por su sangre. Ese descanso es provisión misericordiosa, y el Día del Señor y los medios de gracia son dones para sostener el alma; si los descuidamos, nos debilitamos en la lucha contra el pecado. Además, la seguridad bíblica de que nadie arrebata a las ovejas de su mano no promueve descuido, sino perseverancia, impulsándonos a nutrirnos de la Palabra, la oración y la comunión, mientras Él nos guía hasta el reposo eterno.

01:07:58


El Señor restaura mi alma
Este mensaje muestra que el Salmo veintitrés no solo consuela, sino que revela el pastoreo activo de Jehová Jesús: Él da descanso, guía y también restaura el alma cuando el creyente se desvía en lo interno y se enfría espiritualmente. Por eso se nos llama a velar y guardar el corazón, porque el desvío comienza dentro antes de hacerse visible. La restauración no nace del esfuerzo humano, sino de Cristo mismo, quien busca a su oveja, la disciplina con amor, hiere la conciencia por su Palabra y la lleva a confesar y volver, como David lo experimentó por medio de Natán y el clamor del Salmo cincuenta y uno.

01:03:17


Me guía por senderos de justicia
El Salmo veintitrés proclama que Jehová Jesús, el Buen Pastor, cuida a su pueblo con amor real y constante: da descanso, restaura el alma y guía por senderos de justicia por amor de su nombre, de modo que sus ovejas oyen su voz, la reconocen y le siguen con seguridad aun en pruebas, tentaciones y peligros. Su guía no es ocasional, sino continua: tras salvarnos del pecado, nos sostiene por su poder y nos nutre con su Palabra hasta conducirnos a la patria celestial. Y esa guía se expresa principalmente por las Escrituras (claras y suficientes), por los pastores que Cristo ha puesto en su iglesia, por las exhortaciones bíblicas de los hermanos y por su providencia interpretada a la luz de la Palabra; por eso, resistir la amonestación bíblica es resistir el gobierno de Cristo, y recibirla con humildad es un medio de gracia. El llamado final es a confiar en este Pastor perfecto: el creyente a agradecer y perseverar, y el incrédulo a venir a Cristo, creer en Él y descansar en Él…

56:08


La guía perfecta
Mateo muestra que el Gobernante prometido nacido en Belén es Jesús, Emanuel: Dios encarnado que salva a su pueblo por su obra vicaria en la cruz, y cuyo pastoreo no cesó con su muerte, sino que fue confirmado por su resurrección y continúa hoy desde el cielo por su Espíritu y por su Palabra, de modo que a sus ovejas no les falta lo realmente necesario y bueno. Por eso, el sermón enfatiza que su guía es “por senderos de justicia”: caminos de verdad y santidad, a veces estrechos y dolorosos, pero seguros y benditos, donde Cristo dirige por las Escrituras, por pastores fieles, por la amonestación de la iglesia, por su providencia (interpretada bíblicamente) y, cuando hace falta, por la disciplina amorosa; y concluye llamando con solemnidad a entrar por la puerta estrecha—Cristo—y andar en la senda angosta, porque sin santidad nadie verá al Señor.

44:59


¡Padre, glorifica tu nombre!
Esta predicación expone que la determinación inalterable del Buen Pastor al guiarnos por “senderos de justicia” es, por encima de todo, la gloria del nombre de Dios: Cristo no nos pastorea por mérito nuestro, sino para vindicar, santificar y exaltar quién es Dios, como se ve en la intercesión de Moisés (Éxodo 32) y en la promesa de restauración soberana (Ezequiel 36). A partir de Juan 12, el sermón confronta el corazón: la marca de una verdadera oveja no es buscar felicidad, comodidad o aprobación, sino desear “Padre, glorifica tu nombre” aun cuando cueste sufrir; por eso denuncia el autoengaño religioso (ovejas aparentes que viven para sí) y llama con urgencia a arrepentirse, a entrar por Cristo con fe, y a pedir que Él nos arrastre, si es necesario, por el camino que honra su nombre, tanto en la vida personal como en una iglesia centrada en Dios.

01:05:34