El mensaje contrasta la ansiedad y la inconformidad del hombre sin Dios con la confesión de David: “Jehová Jesús es mi pastor; nada me faltará”, aclarando que esto no promete una vida fácil ni prosperidad material, sino un pastoreo que santifica aun mediante pruebas. Luego define la provisión del Pastor por su naturaleza (da lo necesario y verdaderamente bueno, no todos los deseos), su alcance (“nada” faltará de lo indispensable: reposo, guía, protección, consuelo, disciplina y perseverancia), y su certeza (descansa en quién es el Pastor: Jehová, eterno y fiel), de modo que en cualquier circunstancia la oveja puede confiar: “nada me faltará”.
El pasaje enseña que el Salmo 23 describe el pastoreo continuo de Jehová Jesús: Él provee, protege y preserva, de modo que “nada me falta” no significa ausencia de pruebas, sino la certeza de que nunca faltará lo necesario y verdaderamente bueno. Al exponer los versículos dos y tres, subraya que lo primero que el Pastor da no es “comida” sino reposo: verdes pastos y aguas de reposo como un oasis seguro donde Él hace descansar y conduce, trayendo sombra, refrigerio y paz. Aplicado al alma, solo Cristo da descanso real por su sangre, venciendo culpa y ansiedad; por eso se llama a usar los medios de gracia (Palabra, oración, meditación) y a no buscar paz en personas o circunstancias, sino en el Buen Pastor, invitando también al incrédulo a venir a Él para hallar descanso duradero.
El Salmo veintitrés proclama que Jehová Jesús, el Buen Pastor, cuida a su pueblo con amor real y constante: da descanso, restaura el alma y guía por senderos de justicia por amor de su nombre, de modo que sus ovejas oyen su voz, la reconocen y le siguen con seguridad aun en pruebas, tentaciones y peligros. Su guía no es ocasional, sino continua: tras salvarnos del pecado, nos sostiene por su poder y nos nutre con su Palabra hasta conducirnos a la patria celestial. Y esa guía se expresa principalmente por las Escrituras (claras y suficientes), por los pastores que Cristo ha puesto en su iglesia, por las exhortaciones bíblicas de los hermanos y por su providencia interpretada a la luz de la Palabra; por eso, resistir la amonestación bíblica es resistir el gobierno de Cristo, y recibirla con humildad es un medio de gracia. El llamado final es a confiar en este Pastor perfecto: el creyente a agradecer y perseverar, y el incrédulo a venir a Cristo, creer en Él y descansar en Él…
Mateo muestra que el Gobernante prometido nacido en Belén es Jesús, Emanuel: Dios encarnado que salva a su pueblo por su obra vicaria en la cruz, y cuyo pastoreo no cesó con su muerte, sino que fue confirmado por su resurrección y continúa hoy desde el cielo por su Espíritu y por su Palabra, de modo que a sus ovejas no les falta lo realmente necesario y bueno. Por eso, el sermón enfatiza que su guía es “por senderos de justicia”: caminos de verdad y santidad, a veces estrechos y dolorosos, pero seguros y benditos, donde Cristo dirige por las Escrituras, por pastores fieles, por la amonestación de la iglesia, por su providencia (interpretada bíblicamente) y, cuando hace falta, por la disciplina amorosa; y concluye llamando con solemnidad a entrar por la puerta estrecha—Cristo—y andar en la senda angosta, porque sin santidad nadie verá al Señor.
Esta predicación expone que la determinación inalterable del Buen Pastor al guiarnos por “senderos de justicia” es, por encima de todo, la gloria del nombre de Dios: Cristo no nos pastorea por mérito nuestro, sino para vindicar, santificar y exaltar quién es Dios, como se ve en la intercesión de Moisés (Éxodo 32) y en la promesa de restauración soberana (Ezequiel 36). A partir de Juan 12, el sermón confronta el corazón: la marca de una verdadera oveja no es buscar felicidad, comodidad o aprobación, sino desear “Padre, glorifica tu nombre” aun cuando cueste sufrir; por eso denuncia el autoengaño religioso (ovejas aparentes que viven para sí) y llama con urgencia a arrepentirse, a entrar por Cristo con fe, y a pedir que Él nos arrastre, si es necesario, por el camino que honra su nombre, tanto en la vida personal como en una iglesia centrada en Dios.